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“Un arte que transforme el mundo”
Fa anys que Dones Visuals vam començar un procés per fer les nostres accions més diverses i inclusives, incloent-hi persones amb sensibilitats i contextos diversos en els processos de selecció. Hem demanat a Lucia Egaña Rojas, membre del comité de selecció de projectes d’Acció Viver i Simfonies de ciutat, que ens expliqui la seva experiència i perspectiva en aquesta cerca de diversitat en els projectes i perfils seleccionats a les nostres convocatòries.
Lucía Egaña Rojas, artista, curadora e investigadora.
“Las compañeras de Dones Visuals me piden relatar parte de mis experiencias participando en los procesos de selección de los programas Acció Viver y Simfonies de la ciutat. Llevo unos cuatro años participando como lectora y jurada de estos programas, haciéndome cómplice de la voluntad de la organización por abordar e intervenir en el escenario altamente segregado de las ayudas y los apoyos en el ámbito cultural de Catalunya. Este proceso es, y será, inconcluso, ya que abordar temas alojados bajo etiquetas como “diversidad” o “inclusión” arrastra un halo de complejidad que exige reflexiones profundas y estructurales, por lo que no son cuestiones que se pueda conseguir, sino apenas trabajar. Celebro con alto entusiasmo la voluntad y la osadía de Dones Visuals por atreverse a abordar el problema y, como diría Donna Haraway, a seguir con él.
Como decía, se trata de cuestiones complejas porque abordarlas nos obliga a encarar características estructurales de nuestras formas de pensar. Hemos sido criadas en una sociedad atravesada por la supremacía blanca, por la mirada cisheterocentrada, por la naturalización colonial, por el mandato capacitista, en definitiva, una sociedad sumamente injusta y estratificada en la que las personas que habitualmente acceden a las oportunidades culturales son, sin muchos matices, francamente parecidas entre ellas. La persecución de la “diversidad” busca precisamente lo opuesto: la variedad y la desemejanza. Elementos que muchas instituciones suelen definir como un problema, ya que los sujetos diferentes no encajan con las estructuras establecidas por lo que se hace necesario repensarlas. A la vez, y como plantean autoras tales como Sara Ahmed, es importante estar atentas a que la inclusión no se convierta en una práctica de asimilación, en la que los sujetos “diversos” vayan convirtiéndose cada vez más en “similares”. Porque sucede que lo diverso lo es siempre en relación a algo que se ha ido definiendo como normal, similar o semejante. Por ello cuando hablamos de una voluntad de querer “incluir” a personas “diversas” estamos de alguna forma fortaleciendo nuestra condición de similares a un patrón que se sigue reproduciendo desde la posición de poder que desde allí invita a “la otra” a ser incluida. Y ese patrón es el que debería transformarse, abriendo posibilidad a nuestra propia transformación y a la de nuestra cultura.
El esfuerzo de Dones Visuals por ir modificando el alcance de sus recursos me parece fundamental y arriesgado. A la vez me resulta conmovedor ver cómo una organización feminista cuyo principio fue, probablemente, el feminismo blanco, busca maneras de ir atentando contra sí misma, contra la blanca que habita en su/nuestro interior, contra la heteronormada que nos vive dentro, contra aquella pequeña gran capacitista que constriñe desde lo que somos, utilizando la figura que bellamente describe val flores al invitarnos a “escribir contra una misma”1. Desde que entré a ser lectora de Acció Viver siempre estuvo el interés por parte de Dones Visuals de tener que seleccionar al menos una persona con alguna característica “diversa”. Con el tiempo esa persona se ha ido convirtiendo en varias, lo que ha hecho ajustar y baremar aquello que se considera “diverso”.
Pero como dije antes, la tarea de la “inclusión de la diversidad”, por llamarla de alguna forma, es infinita. No se acabará nunca porque siempre en la medida en que ese nosotros se va ampliando, aparecen sus márgenes y exclusiones. Este carácter mutable dado por la imposibilidad de un final, es lo que hace de estos procesos algo vivo, algo que debe atravesar la totalidad y la estructura, ya que la injusticia sistémica no se resuelve teniendo una persona “diversa” como cuota. Probablemente yo misma entré a ser lectora de Acció Viver como esa cuota de diversidad. Espero estar dejando de serlo en la medida en que otras como yo, o bien distintas a mí, se han ido incorporando al proceso. Felizmente en la edición del 2024, me sucedió algo inédito. De las seis personas que estábamos tomando las decisiones respecto a la selección final de beneficiarias del programa, tres éramos latinoamericanas (con todos los privilegios que teníamos esas tres, y que probablemente no nos hagan ser tan diversas). En ese momento me di cuenta que nunca había experimentado eso estando en Europa, ya que siempre se trataba de una sola persona (muchas veces yo) que venía a representar la totalidad de las, en este caso, mujeres migradas en una comisión de selección. Ni una ni tres podremos nunca dar cuenta de todas, pero sí quizás, y apenas a veces, traer otras sensibilidades que la experiencia catalana euroblanca no logra percibir desde su lugar.
Dones Visuals ha ido haciendo un trabajo hacia afuera (buscando representarse a sí misma como una organización más plural o creando programas como Acció Arrel) y también hacia adentro (realizando formaciones, encargando estudios o buscando expertas que no sean siempre las mismas personas). Con el tiempo y de forma orgánica, el trabajo de Dones Visuals ha ido encontrándose con la necesidad de tener que ir afinando la observación de lo diferente. Es así como hemos sido parte del proceso de ir buscando formas para complejizar los modos de dejar de ser injustas. La diversidad, tal como el privilegio, no es una cuestión universal sino contextual. Por eso, ampliar y complejizar las formas en las que buscamos dejar de lado la segregación en la distribución de recursos para el desarrollo de la cultura será clave para abrir espacio a un audiovisual más rico, interesante, plural y único. Una cultura que sea cada vez más feminista teniendo como horizonte a sujetos que desborden a esa mujer blanca e imaginaria para encontrar y reconocer por fin lo singular: un arte que transforme el mundo.”
- flores, valeria. «Escribir contra sí misma: una micro-tecnología de subjetivación política». Buenos Aires, 2009. ↩︎
