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En un universo donde el tiempo y el espacio se entrelazan en un eterno presente, dos entidades mágicas, Ratri y Dina, danzan en una perfecta unión dentro de un vientre cósmico. Sus movimientos fluidos reflejan la dualidad armoniosa de sus esencias: Ratri, la noche serena y femenina, y Dina, el fuego solar y masculino. Pero la energía que comparten crece hasta que su espacio ya no puede contenerlos. Ansían explorar más allá de su refugio oscuro, llevándolos a un nuevo mundo lleno de desafíos y descubrimientos.
Al separarse, sus energías opuestas comienzan a chocar. Dina, con su impulso y determinación, y Ratri, con su calma y conexión con los ciclos naturales, luchan por encontrar balance en un planeta donde todo parece nuevo y ancestral al mismo tiempo. En su viaje, descubren que solo a través del movimiento compartido pueden encontrar la verdadera armonía. Sus danzas revelan un amor profundo y transformador que trasciende sus diferencias, uniéndolos como partes de un ciclo eterno de luz y sombra. En el encuentro de la noche y el día, Ratri y Dina encuentran su lugar en el mundo, transformándose en una manifestación viva de equilibrio y unidad.
La intención principal en la realización de este videoarte es explorar y transmitir la búsqueda del equilibrio entre fuerzas opuestas y complementarias, representadas por Dina y Ratri. El proyecto busca simbolizar la dualidad inherente en la existencia humana: el impulso versus la calma, la acción versus la contemplación, el día versus la noche. A través de esta narrativa, se pretende evocar una reflexión profunda sobre cómo las diferencias no solo generan conflicto, sino que también pueden ser una fuente de creación y transformación cuando se encuentran en armonía.
Queremos que las personas sientan la conexión universal que surge de integrar estas dualidades. Al observar las danzas y movimientos de Dina y Ratri, el público debe experimentar una sensación de unión y trascendencia, reconociendo que en la aceptación de nuestras diferencias y en la búsqueda del equilibrio, se encuentra la verdadera belleza y la esencia de la vida.
El objetivo es que el espectador no solo contemple la obra como algo visual, sino que también se sienta parte de ese ciclo eterno de luz y sombra, conectando con su propia dualidad interna y comprendiendo la importancia de abrazar lo opuesto como parte del todo.
