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Una madre lleva a sus dos hijas Elia (9) e Isabel (12) a pasar el verano a una comuna a las afueras de Sevilla, establecida en un cortijo abandonado en el centro de un antiguo volcán, donde hombres, mujeres y niños de distintas procedencias, viven al margen de la ciudad.
Es el primer verano que las hermanas pasan sin su padre, que ha rehecho su vida lejos de ellas. Elia, no termina de encajar en la comunidad, no sabe cómo lidiar con el abandono de su padre y empieza a desarrollar un fuerte apego hacia su madre, a quien empieza a manifestarle sus ganas de regresar a casa.
Un día, mientras las hermanas y otros niños se bañan en la alberca, varias mujeres comienzan a hacer un sonido a la vez, al que cada vez más voces se unen, y se llevan con ellas a Isabel, la hermana mayor. A partir de ese momento, todas las mujeres desaparecen, dejando a Elia sola con los hombres y el resto de niños. Nadie le dice dónde están su madre y su hermana, y cuando pregunta, solo le hablan de la luna.
Mientras los niños siembran en Elia ideas de magia y fantasía que le remiten a su niña interior, ella, no deja de buscar a su madre por todas partes y, sin éxito alguno, deja de creer en la luna, deja de creer en su madre.
