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Una mujer con pollera de colores se mece en un columpio ceremonial en Barcelona. No está actuando. Está orando. Danzar la Vida sigue a las mujeres que hicieron posible ese momento: Gladys, las Kjochalitas y Marina, que cruzaron el Atlántico solas, enfrentaron la invisibilidad y la precariedad de la migración, y aun así construyeron comunidad andina donde no existía —a través de la danza, el ritual y el quechua. No se nombran a sí mismas como líderes. Pero sostienen familias enteras, abrieron camino para quienes vinieron después, organizaron una red de danzas, fiestas y celebraciones, y con todo ello muestran que una cosmovisión ancestral puede sostener una vida entera a través del Atlántico.
